Mary de Dinamarca y la historia del vestido que descubrió hace una década
En el marco del 150º aniversario de la Fundación Carlsberg, celebrado el pasado 25 de septiembre en el castillo de Frederiksborg, la reina Mary de Dinamarca protagonizó un momento de estilo que capturó la atención de los expertos en moda real. Acompañada por el rey Federico X, la monarca lució una pieza que no solo destacaba por su elegancia, sino por su profundo valor sentimental: un vestido que Mary de Dinamarca descubrió hace más de una década durante una sesión de fotos en Australia.
Un reencuentro con el pasado
El diseño, firmado por el modisto australiano Toni Maticevski, es un vestido blanco de largo midi con cuello halter, capa superpuesta y una fluida organza adornada con destellos dorados. La prenda, que se frunce delicadamente en la cintura, fue rescatada del armario personal de la reina, evocando sus años como princesa. La historia de este vestido se remonta a una producción fotográfica para la revista Australian Women’s Weekly, donde la entonces princesa posó con creaciones de diseñadores de su país natal. En aquel momento, ella confesó: “No me olvido de dónde vengo. Siempre será parte de lo que soy”.
Una nueva interpretación de un tesoro real
Tras haberlo lucido en eventos pasados, como el 80 cumpleaños del príncipe Enrique, la pieza permaneció fuera del ojo público durante más de diez años. Su reaparición en Hillerod marca una nueva etapa, combinada con accesorios contemporáneos que elevan su sofisticación. Para esta ocasión, la reina optó por zapatos Nikki de Gianvito Rossi, un clutch de piel de serpiente de Judith Leiber y pendientes de Olelynggaard Copenhagen en oro amarillo y diamantes, sustituyendo sus piezas habituales de Dulong Fine Jewerly.
Además de los accesorios, la elección de joyas incluyó un guiño histórico: la pulsera de boda de la reina Luisa de Suecia, junto a la icónica pulsera Love de Cartier. Este gesto de recuperar una prenda con tanta carga emocional subraya no solo el estilo atemporal de la reina, sino también su capacidad para conectar su presente como monarca con sus raíces y su historia personal.
